-Calle Matucana a la altura de la Usach. Salida por un portón no siempre habilitado
-Pedir un helado en el Café Paula después de que mi madre me llevara a la óptica del centro y nos juntáramos en San Antonio con Agustinas con mi padre. Era lo único bonito de usar anteojos siendo tan niña.
-El patio trasero de la casa de Nona y Tata Alberto en calle Edimburgo. También del galpón delantero con su grueso portón de madera. Por un escrito reciente de mi padre, supe que esa puerta era de la fábrica de su abuelo materno.
-Los corredores de las Torres de Apoquindo y sus negocios de barrio. Parece que todavía existen.
-El condominio de Fernández Albano en el que crecí. El patio interior que daba a la calle Angamos. En un departamento cantaba un loro y yo pasaba gritando tímida 'care huevo' a ver si el pájaro lo repetía.
-Otra vez el condominio: la redondela donde esperaba el furgón escolar. Una paloma me cagó un día. Qué triste y sola me sentía.
-En esa redondela se estacionaba también el trencito que contrataban para la fiesta de Navidad.
-La casa de la playa en El Quisco y todas las casa que le seguían bajando al mar por calle Del Ejército.
- Las columnas a la entrada del cementerio Parque del Recuerdo, en Recoleta.
-Calle San Francisco , a una cuadra de la Alameda donde vendían completos a 200 pesos.
- El puente de Copesa que cruzaba el patio tipo maestranza para ir a comer al casino (cuando quedaba en calle Ñuble).
Y ¿Cuáles son tus evocaciones?
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