Escribir antes que me gane la melancolía

Soñé que se querían llevar mi computador. Decían que ya no lo necesitaba, pues me había convertido en madre y ahora eran otras mis labores. Desperté sin terminar el sueño, aunque con la sensación de que no pasaría mi pc así como así.

A la noche siguiente, soñé algo similar: al sacar el computador del escritorio, notaba que se había averiado la pantalla. Colgaba en dos partes y en casa solo yo parecía sorprendida por el daño ¿Cómo ha pasado esto si ni siquiera lo he tocado? El sueño concluía con una sensación confusa: quería enviar a arreglar el computador, pero tampoco tenía "razones de peso" ni apuro en hacerlo. Razones de peso significaban trabajo o estudios.

Despierta, supe que la razón de peso más auténtica que hoy tengo para mantener activo el computador es escribir por escribir. Escribir para distraer al cansancio y así no quedar cubierta por su sombra aletargada con olor a melancolía.

No perfecta

Ni les cuento lo contenta que  estoy de ser madre. También lo llorona que soy y, a veces, lo nostálgica y compasiva que me siento al recordar mi niñez (¿será que siempre termino pensando en mí? ¡qué ego!). 

Pienso en lo "demandante" que era con mi madre. Sentía una necesidad potente de tenerla cerca. Era como si me hubiesen faltado muchas horas con ella. Tal vez sí, pues no era la única hija que debía criar. Pero ante los ojos de toda la gente, siempre fui la hija mamona en comparación a sus hermanas. Pensemos que igual yo fui la hija del medio...

En fin. El asunto es que cuando veo las ansias de mi hija por estar conmigo, más aún en la teta, sobre todo a ciertas horas de la tarde- noche en que prácticamente solo quiere succión afectiva, imagino que ese deseo insaciable no siempre podré cubrirlo por completo. Simplemente, porque soy una humana que se cansa ¡Eso también es natural!

De todos modos, recordar a mi yo pequeña, esa que siempre necesitaba una cuota más de contención pese a ser una niñamuy amada, hace que la paciencia se active para entregar el calor que mi criatura hermosa busca de manera casi salvaje. Quiero llenarla de amor, y he entendido que en esa entrega se va a colar el cansancio, la memoria dolida. Lo que importa es que quiero estar consciente de que soy una madre feliz, no perfecta. 

 

La patrona

 El olor de la patrona me acompañó mientras amamantaba. 

Así llamaba mi abuelo paterno a mi abuela.

La patrona se sentaba en la cabecera de la mesa para contemplar a todo su familión, compuesto por una decena de hijos y nietas.

El olor de la patrona era como agua de rosas. 

Hoy sentí ese aroma y me pregunté si acaso ella habrá amamantado a la decena de hijos e hijas que tuvo.

Qué cansada estaba la patrona en sus años finales y con cuánto amor la atendían.

Gracias por permanecer Nona querida.