¿Acaso mi voz se ha apagado en tu memoria?

¿Tengo deuda yo contigo? Intenté, al menos, entender qué sucedió. Probablemente, nunca lo sepa. 
Pasaron los años. Muchos años
Hoy, pasaron voces con tu nombre
Voces con las que te ves
Voces que te llaman
Voces a las que aún respondes.

Nuestras voces no dialogan. Y pensar todas las letras que alguna vez entonaron una tras otra.

¿Acaso mi voz se ha apagado en tu memoria? Alguna vez, mientras te sientas a pensar en el pasado ¿aparezco en ese modo? 
En mis registros, tu voz está en todas sus formas: las enojadas, las irónicas, las cantoras. 
Y las que trataron de decirme una verdad, también las recuerdo. Aunque como una música que se apaga.

Yo no aguanto este destino confuso
Sé que sabes que avanzamos por el mismo laberinto.
Conocemos su oscuridad, y hasta las trampas.
Este lugar está lleno de trampas. Tardé mucho en salir de ahí. Todavía me quedan partes.atrapadas.
Creo que algunas tuyas también.

Tantas cosas han sucedido sin que pueda hablártelas.
Por eso, tal vez, es mejor escribirlas. Como una deuda inventada, una excusa para que sepas que todavía existo.  
O más bien, que yo no te olvido.

La Majestad

Mientras me depila, la sra L pone su celular con la app de Teletrak a la cabecera de mis pies. Está por empezar  la carrera de Concepción y ella -con el delantal blanco y sus rulos base- se desdobla entre su fanatismo y la cera caliente que puso sobre mi rodilla.

-¡Eso, corre Majestad!, dice la sra L de repente.

Ahí me doy cuenta que es el nombre de la yegua a la que apuesta. La Sandruca estuvo a punto de ganarle, dijo el relator. Yo sigo mirando mi rodilla.

La sra L se da vuelta y anota en un cuaderno el orden de llegada de los jinetes. Todo lo calculó con la carrera, alcanzando a quitarme la cera de la piel.

Algo más mijita?