Postparto a la espera de una respuesta salvaje

Las interrogantes que tengo sobre el postparto están encapsuladas. Todavía no quiero -¿no me atrevo?-  descifrar toda la información que me ha traído este proceso.

Lo cierto es que su fuerza es tan poderosa que tampoco puedo mantenerme al margen. Sería como arrancar de mí misma.

Aunque algo así estoy haciendo. He adquirido una posición rígida que me impide soltar, fluir y todas esas palabras que tanto repetimos cuando hablamos de transitar la vida.

Con respecto a la maternidad te dicen tantas cosas. La que más me ha servido es la de vivir el presente. Aunque por mucho que lo haga, amando y atendiendo a mi bebé maravillosa, las interrogantes giran en torno a mi cabeza. Necesito detenerme un rato a leerlas.

Si bien mi cuerpo responde biologicamente a las necesidades, tengo que mirarme y apropiarme de la transformación.

Pienso que sí me miro. Aunque algo nublada. ¿Soy acaso la que más se enjuicia?

Sé que tengo la necesidad de observarme más allá del espejo. No tan solo mirar un vientre distinto (que a veces piensa cuánto tardará en aplanarse), unos senos lecheros. Quiero, sobre todo, iluminar cómo se han removido las entrañas y el alma para alcanzar tanta belleza. Tanta que también asusta.

Caigo en la cuenta de que aquello a lo que me resisto, ese temor a liberar las interrogantes, es en realidad lo que busco para ser la mujer que disfruta y que sabe cómo ser la madre de su hija.

Escribiendo esto entiendo, entonces, que aquello que soñé la noche anterior, con un león escapando de su jaula y yo de él con la niña en brazos, es en realidad un mensaje diciendo que ese animal salvaje, que por cierto no buscaba atacarme,  soy yo liberándome para ser quien gobierna su reino maternal, su nuevo sitio.

¿Una yo mamifera?

En el MIM

 Leo en las noticias que Shakira fue con sus hijos al MIM en su paso por Santiago, y recuerdo hace más de veinte años cuando llevamos a los niños y niñas de las colonias de verano a ese museo. Qué felices estaban.

En ese tiempo estaba de moda el cover No de Gianni Bella cantado por Javiera Parra y los Imposibles. En el bus, niños, niñas y monitores nos pusimos a cantar el tema. A mí me encantaba esa versión, pero era demasiado tímida como para corearla a todo pulmón.  

Además me tomaba muy en serio mi responsabilidad como cuidadora infantil e iba pendiente de eso. Tenía a cargo una decena de niños y niñas entre 6 y 8 años. Yo, una adolescente de 15, cuidando peques.

 Había mamás que me los encargaban con mucha aprehensión. Sabían que se trataría de un paseo inolvidable para ellos. Yo les decía que no les iba a despegar los ojos. Por lo demás, estaba marcada por una crianza sobreprotectora.

Ahora que tengo a mi niña con recién 1 mes cumplido,  durmiendo calentita conmigo, me pasan dos cosas: primero, qué afortunada me siento de entregarle amor y cuidados. Segundo, me doy cuenta  que de mi cuerpo ha salido una persona diferente a mí, alguien que tendrá su propio camino. 

Y tal vez estaré ahí, sobrepreocupada, intentando limitar mis temores. Estaré ahí para ver su sonrisa, o tal vez imaginándola como las madres de aquellos niños y niñas que me encargaron a lo más amado que tienen para que ellos vivieran la experiencia de conocer un museo como el MIM.